El dolor de cabeza de Joaquín Lavín

15 de julio – Iván Suric – Columnas

El alcalde Joaquín Lavín no ha dormido tranquilo estos días. Entre la ordenanza sobre “piropos” a las mujeres y el proyecto de viviendas sociales en la rotonda Atenas, la Municipalidad de Las Condes vive tiempos complejos. Y es que, si bien son medidas buenas para la comunidad –en un principio y en el papel–, sólo una ingenuidad –algo infantil– podría creer que aquello es suficiente. Ese mundo mágico en que un ideal se calca en la realidad, sin problemas ni tensiones. “Buenismo” lo llaman algunos.

Nadie está en desacuerdo con la integración, como nadie tampoco estaría en contra de que todos los chilenos obtengan más ingresos económicos. La pregunta sigue siendo la misma: ¿Cómo concretar esa idea con las múltiples consecuencias o conflictos sociales que puede generar? Para nadie es nuevo que la integración genera tensiones y problemas sociales, y de ahí que no debe extrañarnos el cacerolazo de los vecinos oponiéndose al proyecto o algunas declaraciones poco amistosas. Si esto era previsible, ¿por qué no lo anticipó el alcalde? ¿No es una función de la política administrar y conducir las tensiones que producen sus propios proyectos? En esa línea, es común escuchar a vecinos del sector afirmando que se enteraron “por la prensa” del proyecto y que no saben en qué consiste, ni quiénes pueden postular, o cómo se verá afectada la plusvalía de sus casas y departamentos, etc. Por otro lado, no es un misterio que la palabra vivienda social genera animadversión, porque la imagen que existe de ella es de un gueto o villa.

Es por esto que se debe dejar en claro que el proyecto en Las Condes es un edificio de primer nivel, al cual pueden postular familias que llevan viviendo 10 años en la misma comuna, y será en un 40% para personas vulnerables y en un 60% a personas que pueden optar por un subsidio integrado. Por otro lado, el administrador del edificio será la misma municipalidad, regulando distintas actitudes que en el pasado han generado problemas en proyectos similares, tales como los ruidos molestos. Implementándolo de buena manera, incluyendo a la sociedad civil y dejando claras las condiciones del proyecto, se puede avanzar sin problemas en algo tan urgente como la integración urbana, la que es esencial para trabajar la desigualdad y el conflicto que hace años existe entre las distintas clases sociales.

Es fundamental trabajar por el fortalecimiento de los vínculos sociales y derribar estereotipos en relación a las personas que residen en viviendas sociales. Esta será una importante manera para avanzar en eliminar la desigualdad social en su foco relevante: el nulo acceso que existe en muchos sectores a bienes y servicios fundamentales. Pero lo primero debe ser, sin duda, eliminar esa mirada buenista de la política, tan nociva por olvidar la dificultad de implementar cualquier medida y, de paso, anular a cualquier ciudadano que ose presentar algún reparo, duda y dificultad. ¿No ocurrió eso con la condena social a los vecinos del cacerolazo?

Revisa la columna original en El Líbero

By |2018-08-28T15:03:48+00:0015 Julio, 2018|IP en los Medios|0 Comments