Viejos Solos

09 de agosto – Iván Suric – Columna

Con buenos ojos recibimos el anuncio del Presidente Sebastián Piñera durante el fin de semana en relación al proyecto de ley que pondrá fin al SENAME y creará un nuevo “Servicio de Protección a la Niñez”. Más allá del articulado específico del proyecto, lo que está detras está noticia es aplaudible, pues por fin se intentará avanzar en políticas públicas efectivas que protejan a los más débiles de nuestro país.

Con todo, existe otra cara de la vulnerabilidad social que estamos pasando por alto. Y es que no solo están los niños, sino también los adultos mayores. Al mismo tiempo que concretamos un avance en materia de infancia, nos enteramos de algunos dramáticos casos de suicidios de adultos mayores de más 70 años que no parecieran ser hechos aislados. Tanto así que, según cifras recientemente dadas a conocer por el Ministerio de Salud y el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) con datos de las defunciones entre 2002 y 2015, el segmento de mayores de 80 años presenta una tasa de suicidios de 17,7 por cada 100 mil habitantes.

El verdadero drama de nuestra sociedad es que nos quedamos solo con las cifras y los promedios, y pasamos por alto lo que hay atrás de este fenómeno. Tal como dice Ana Paula Vieira, académica de Gerontología de la Universidad Católica en entrevista a La Tercera, los adultos mayores en general, “no quieren morir, sino terminar con su sufrimiento, con el tema de la desesperanza”.

De hecho, según la encuesta “Chile y sus mayores” realizada por la Universidad Católica el 2016, un 54,7% de los mayores de 75 años considera su situación de salud como “regular o mala”, principalmente debido a la presencia de artrosis e hipertensión. Además, según el Estudio Nacional de Dependencia en las Personas Mayores, un 21,7% de los adultos mayores entre 80 y 85 años y un 40,3% de los mayores de 85 años advierte señales de deterioro intelectual y de memoria frente a un 4,06% promedio del tramo entre 60 y 75 años.

Esta realidad genera un mayor grado de dependencia —un 53% de los adultos mayores entre 80 y 84 años y un 65,6% de los mayores de 85 presentan algún grado de dependencia según este mismo estudio—, lo cual muchas veces es indigna y va fuertemente asociado al aislamiento social externo y a la sensación de soledad y a la presencia de estados depresivos.

En definitiva, nuestra sociedad “en desarrollo” avanza aceleradamente a un estado donde esta realidad será cada vez más frecuente, sin embargo, ignoramos las causas del fenómeno social y humano de la vejez, sin aplicar remedios que hagan más digna la vida de nuestros adultos mayores. Este drama no se resuelve con medidas simplistas, abriendo la puerta de par en par a la eutanasia, sino con medidas y políticas concretas que dignifiquen la vejez, con todo lo que eso implica.

El mes de la solidaridad puede ser una oportunidad para que prioricemos también esta otra cara de la vulnerabilidad y, tal como lo estamos haciendo con la infancia, propongamos medidas concretas para este sector mayoritario, sin embargo, tan silencioso como olvidado de nuestra sociedad.

Revisa la columna original en El Libero