¡Bingo!

10 de agosto – Pablo Valderrama – Columna de opinión

La política estaba dormida y las aguas estaban muy quietas. La desarticulación de la oposición, la pérdida de brújula del Frente Amplio y el reacomodo de Chile Vamos en el gobierno estaban matando de inanición a tantos analistas políticos. Por eso mismo, la noticia del cambio de gabinete se torna más interesante y desgranar el choclo se vuelve aún más atractivo.

En primer lugar, la salida de Gerardo Varela y la entrada de Marcela Cubillos, Carolina Schmidt y Mauricio Rojas, son reflejo de un slogan que a la derecha le ha costado entender, pero parece empezar a asumir: los problemas políticos se resuelven con más política y no simplemente con buenos gestores. Si algo pareciera haber regalado Piñera I a Piñera II es la idea de que el Estado no es una empresa de gestión, sino un lugar para hacer política -con políticos-. En tal sentido, el tridente Cubillos, Schmidt y Rojas, los tres con mayor experiencia política, se transforman en jugadores probados, o si se quiere, en apuestas más seguras.

Por otra parte, este cambio revela que los rumores sobre que Sebastián Piñera habría cambiado son ciertos. En esa línea, pareciera que el Presidente se dio cuenta de su equivocación y que este cambio es una “bajada de moño” que lo muestra más dialogante y oyente. Así, la idea de poner un técnico en una cartera política fue claramente un error desde un comienzo, más aún si no se está dispuesto a correr con sus errores o salidas de libreto constantes.

Desde otra perspectiva, es una buena noticia sumar un rostro femenino en una de las áreas más expuestas a la discusión política. En tal sentido, el ingreso de Marcela Cubillos al Ministerio de Educación apunta en el sentido correcto, pues, de lo contrario, ¿cómo seguir enfrentando la principal agenda universitaria -el feminismo- con una figura masculina ajena al mundo político? Al menos acá, la interlocutora será mujer y con experiencia política y entra, probablemente, con la seria advertencia de que no hay margen de error.

Por último, aunque seguramente pase desapercibido, no hay que olvidar que Varela era una de las caras más representativas de ese liberalismo exacerbado que existe en la derecha, por lo que su remoción tiene cara de victoria para posiciones moderadas que miran sin desprecio a la política. Si se quiere, este juego de piezas es un triunfo para esa derecha social que entiende las reglas del juego de la política, y que, en estos tiempos, no es viable promover una sociedad en la que cada uno se rasque con sus propias uñas. En tal sentido, destaca especialmente el aporte que Mauricio Rojas podrá hacer desde el Ministerio de las Culturas promoviendo la idea de la solidaridad, contribuyendo a politizar con ideas nuevas a la centroderecha.

En fin. Así es la política. Y aunque algunos piensen que el Presidente se aceleró y no esperó los frutos de los primeros meses de gestión, son más los que piensan que este podría ser el verdadero bingo del gobierno.

Lee la columna original en El Diario Financiero