Gabriel Olave: Apps de citas: ¿solo un juego?

18 de agosto – Gabriel Olave – Columna

El pasado 11 de octubre, IdeaPaís publicó un estudio sobre el estado de la cuestión en la investigación académica con respecto a las aplicaciones de citas. En dicho documento, presentamos distintos estudios que han concluido que estas tecnologías tienen consecuencias sociales de distinto tipo, tanto positivas como negativas.

Uno de los efectos positivos constatados por la bibliografía es el mayor rango de potenciales vínculos sociales que estas aplicaciones ofrecen a los usuarios, al permitirles buscar conexiones y relaciones en un área geográfica o social más amplia. Este beneficio podría ayudar a que, en ciudades segregadas como Santiago, personas de distinto origen social se encuentren y puedan entablar algún tipo de conexión, lo que desde el punto de vista de la cohesión social es valorable.

Sin embargo, de acuerdo a una encuesta que aplicamos desde julio a septiembre de este año, los principales motivos de uso mencionados por las personas que han utilizado estas plataformas –las cuales podían declarar más de uno–son “curiosidad” (un 57,3%) y “entretenerme/distraerme” (un 52,7%). Por otro lado, una menor proporción de encuestados declaró que una de las razones para emplear estas tecnologías es “tener citas” (un 35,5%), “encontrar pareja” (un 30,9%), “ampliar mis redes” (un 25,5%) o “hacer amigos” (un 24,5%).

Por cierto, es esperable que redes sociales como Tinder u otras, que se han popularizado bastante en nuestro país, sean llamativas, entretenidas y permitan distraerse. Sin embargo, es preocupante que, para una parte importante de los individuos encuestados, las aplicaciones de citas cumplan esencialmente un rol similar al de una consola de videojuego, especialmente si tenemos a la vista que lo que está en riesgo es la formación de relaciones con otras personas. En efecto, es posible que para ciertos usuarios las conexiones virtuales sean solo medios para la satisfacción de deseos individuales –en este caso de entretención–y que esta mirada “líquida” se transfiera a su forma de ver los vínculos en general. Si esto es efectivo, el potencial de cohesión social de estas tecnologías no estaría siendo aprovechado en su totalidad.

Todos los antecedentes anteriores plantean la cuestión acerca del sentido que las personas le dan al uso de estas tecnologías y de las experiencias que tienen en el mundo de las aplicaciones de citas. En este marco, es fundamental ahondar en las vivencias, percepciones, ansiedades y temores de los usuarios de estas plataformas en nuestro país. De esta forma, sabremos si las aplicaciones de citas en cierto grado promueven vínculos frágiles, en donde lo prioritario es satisfacer necesidades o si por el contrario incentivan la conformación de relaciones estables. Es probable que no haya una respuesta única sobre la interrogante anterior. De cualquier manera, es razonable pensar que estas tecnologías están transformando nuestro tejido social, ya sea para fortalecerlo en algunas circunstancias o debilitarlo en otros contextos.

By |2018-11-05T11:02:57+00:0018 Octubre, 2018|IP en los Medios|0 Comments