¿Dónde están los moderados?- El Líbero

3 de noviembre – Pablo Valderrama – Columna

Se ha instalado la idea de que son algo más profundo que la mera excentricidad de los personajes. Dejaron de ser los candidatos “extravagantes”, que solo servían de material para las mentes creativas detrás de los memes, para pasar a ser un elenco de renombre mundial: Trump, Bolsonaro, Orban, Salvini y compañía. Una especie de propuesta teatral que transitó desde las risas burlonas al susto que provoca en los hijos de este tiempo.

Con todo, y a riesgo de equivocarme, pareciera que no hay en ellos una propuesta ideológica robusta y compleja sobre los desafíos futuros de la democracia participativa. Simplemente pareciera que esconden un intento por rescatar y proteger “lo propio”, en un mundo donde lo nacional se va diluyendo. Precisamente aquello que la globalización y la profundización del orden liberal aplastó como la peor avalancha. Tanto es así que su escaso contenido ideológico descansa en darle vigor a voces silenciadas y abucheadas por los medios de comunicación y las redes sociales. Esas mismas voces opacadas por el ruido de las bocinas en las grandes ciudades cosmopolitas.

En otras palabras, sus “idearios” no son más que un mecanismo de defensa o una contraofensiva frente al orden actual que normalizamos y dejamos de cuestionar. El mainstream liberal basado en la comodidad del consumo, la tecnología y los viajes, silenció las inquietudes de muchos que no participan del mismo espectáculo cosmopolita y que se niegan a vivir bajo esos parámetros. De esta manera, este elenco de políticos –con todas sus diferencias– pilló por sorpresa a este orden globalizado, el cual, en un intento por cuidar su rancho, creyó que usar etiquetas bastaba, olvidando que el mote de ultras, populistas o radicales no son más que pistolitas de agua con pinta de revólver.

Como fuere, las tensiones que ambos extremos -el populismo nacionalista y el progresismo liberal- generan, nos obligarán a barajar nuevamente el eje de la discusión política. No se tratará, en consecuencia, de un debate entre derechas e izquierdas, sino entre extremos y posiciones moderadas, pues, aunque equivocadamente se crea desaparecida, dicha polarización ha dejado a la deriva a un inmenso espacio moderado y razonable que todo político debiese apreciar. Tanto es así, que en poco tiempo más estará boteando ese espacio para todos quienes se niegan a optar entre un Trump y Clinton. Un esquema tan binario como reducido, y que es incapaz de explicar la complejidad de la política.

Sobre ese espacio, piénsese, por ejemplo, en todos aquellos que, creyendo en la libertad como el motor fundamental del desarrollo, reconocen que el liberalismo es de salud frágil, que es un paciente enfermo y que, por lo mismo, necesita ayuda, especialmente cuando aún observamos nuestras débiles democracias o los frívolos niveles de pobreza y exclusión. Para qué decir sobre todos esos extremos que hoy promueven la eutanasia para menores de edad, en lugar de darles un debido acompañamiento y proponer mejoras a nuestro sistema de salud; o bien, que un menor, sea la edad que sea, pueda ir libremente a una oficina del Registro Civil, sacar su número y cambiar su sexo registral.

Con lo anterior a la vista, es razonable pensar que la nueva oferta política no se moverá en los ejes tradicionales, sino entre extremos y quienes recojan el guante de la cavidad que la polarización deja. Por lo mismo, seguir insistiendo en la idea de los derechos individuales para llenar ese vacío parece una mala estrategia. Si algo nos han enseñado los Trump o Bolsonaro es que hay un sentido común que pide volver a lo nuestro, al nosotros y, en eso, más vale hablar de solidaridad que de autonomía individual.

By |2018-11-15T12:55:10+00:003 Noviembre, 2018|IP en los Medios|0 Comments