Protestas en Francia: ¿movimiento social o manifestación del individualismo?- Gabriel Olave

13 de diciembre – Gabriel Olave – Columna

En las últimas semanas, en Francia, se han llevado a cabo una serie de protestas en contra del alza al precio de los combustibles que intentó impulsar el gobierno para disuadir el uso de energía contaminante. Las manifestaciones de los llamados “chalecos amarillos” –por el vistoso uniforme que visten los manifestantes– son protagonizadas en su mayoría por ciudadanos que necesitan del automóvil para desplazarse cotidianamente debido a que residen en zonas alejadas de las grandes ciudades. Fruto de estas manifestaciones, el ejecutivo francés suspendió el aumento del precio del diésel y gasolina para todo 2019.

Jacline Mouraud, una de las protagonistas de estas protestas, realizó un video viral donde denunciaba el aumento en los precios de los combustibles y otras dificultades que enfrentan los conductores. En él, argumenta que “vivimos en pueblos. Hago 25.000 kilómetros al año. No tengo otra opción que ir en carro, contamine o no contamine”. De este razonamiento, se desprende que los manifestantes se han organizado principalmente para demandar la solución de una necesidad que, si bien es compartida con otros, es estrictamente individual: el transporte de cada uno será más costoso y eso afecta significativamente la calidad de vida personal.

Probablemente para muchos de los manifestantes el calentamiento global es un tema relevante e incluso varios de ellos podrían participar en protestas para frenarlo. El punto es hasta dónde están dispuestos a contribuir con esa causa cuando ven afectados sus intereses individuales.Más allá del debate técnico sobre si el alza de combustibles es una medida válida o no, y que es legítimo manifestarse para exigir una necesidad particular, no debemos perder de vista que la balanza no tiene que inclinarse en desmedro del bien común.

n general, se tiende a exigir que otros asuman los costos individuales necesarios para avanzar en el desarrollo integral de las sociedades en las que vivimos. Estos hechos parecen expresar un debilitamiento de la importancia del bien común y de la percepción que vivimos junto a otros. Debemos entender que, al decir de Alasdair Macintyre, somos parte de estructuras de reciprocidad, redes de personas que dan y reciben, donde se comprende que la obtención del bien individual es inseparable de la del bien común. De esta manera, transitaremos a sociedades donde nos percibamos como miembros de una comunidad política en la que de algún modo todos somos responsables del bien de los otros.