Letelier no se va

18 de abril – 2019 – IP en los Medios

“Si creen que me van a sacar de la política están muy equivocados”. Con esa frase, el senador Juan Pablo Letelier nos comunicó que no solo era congresista, sino que también una suerte de dictador regional. Algo así como el patrón del fundo de O’ Higgins, amenazado por la operación política de –valga la redundancia– otros operadores políticos.

Con todo, lo relevante es que el senador está afectado, y muy afectado (no hay otra manera de explicar su despliegue comunicacional de los últimos días), y, por lo tanto, no le quedó otra que enviar una potente señal a sus adversarios. Ahora bien, esa declaración unilateral de poder, que podríamos simplemente leer como parte del folclor que la política nacional nos ofrece, es bastante clarificadora de al menos dos fenómenos urgentes de atender. Por una parte, la concepción que el propio senador tiene sobre el cargo que ocupa; y, por otra, sobre las dinámicas que ocurren al interior del Congreso Nacional, que logran explicar un espectáculo como este.

Sobre lo primero, el senador socialista revela que la política no sería algo distinto a un emprendimiento mercantil. Al igual que en cualquier negocio ambicioso, su dueño y fundador trabajan incansablemente por hacerla crecer, llegando al borde de mimetizarse con su emprendimiento. Las máquinas, los libros de contabilidad y las oficinas, no son más que el reflejo de años de esfuerzo del fundador, una especie de espejo de su identidad. De hecho, su negocio empezó en 1990 cuando ganó la elección parlamentaria en el extinto distrito 33, siendo reelecto una y otra vez tanto como diputado como senador por casi ya 30 años. De esta manera, al transformarse en senador, el pequeño emprendimiento que empezó en la transición y que hoy se constituye como una empresa con ciertos grados de relevancia, no es otra cosa que su propio reflejo. El emprendimiento, y ahora empresa, siempre fue él. El cargo es él. No hay diferencia entre su escaño y el esfuerzo de tantos años, pensará. En consecuencia, es imposible sacarlo de ahí.

No obstante ―y para no echarle toda la culpa a Letelier― hay una razón más estructural que pareciera estar presente en la “médula” de nuestro Congreso Nacional. El comportamiento humano, como sabemos, no se explica solo por acciones individuales, sino también por estructuras que condicionan ciertos modos de pensar y actuar. Con eso a la vista, no es para nada nuevo reconocer que allí en Valparaíso existe un submundo que se alimenta de un ecosistema mayor en el que se habita, pero que actúa como si fuese independiente de él. En ese microcosmos, nada pareciera ser más valioso que pertenecer y mantenerse en él: qué importan la calidad de los argumentos, las asistencias o la proactividad. Nada. Las actuales reglas del juego solo piden hacer el mínimo para permanecer en el poder. “Si usted quiere ir más allá, hágalo, pero no joda a los demás”. Lo más relevante, ya sabemos, es mantenerse ahí.

Con lo anterior a la vista, el senador, querámoslo o no, no es más que un emprendedor al que le quieren negar años y años de esfuerzo. Una víctima más de la microscópica atmósfera en la que él y su antiguo negocio navegan y de la que no pueden ni quieren salir. Por lo mismo, paradojalmente, los culpables somos todos nosotros, esos inocentes ciudadanos que no entendemos que, por nada del mundo, él se irá de la política.

Pablo Valderrama
Director Ejecutivo
IdeaPaís

Fotografía: “Juan Pablo Letelier” por Senado República de Chile licencia bajo CC BY-NC-SA 2.0.

Columna publicada originalmente en www.latercera.com (17/04/2019).