“Cerrar colegios”

10 de Octubre – 2019 – IP en los Medios

Andrés Berg explica en esta columna publicada en La Segunda que el cierre de establecimientos no siempre es la opción mejor opción, para aquellos que persisten en un bajo desempeño.

“Hay evidencia que muestra otros efectos no intentados, tales como el aumento de la probabilidad de deserción o el posible deterioro del clima escolar, acentuándose estos efectos en los establecimientos más vulnerables”.

La derecha chilena históricamente creyó que cerrar colegios para mejorar la calidad de la educación era siempre una buena idea. Esto se explica porque en nuestro sistema de financiamiento ―que subsidia la demanda― los malos colegios terminarían siendo los menos demandados y, por lo tanto, los más desfinanciados y destinados a cerrar. La izquierda, en tanto, siempre lo consideró una pésima idea. En buena parte porque creen que no existen los colegios malos, sino apoderados que no tienen la plata que tienen otros para entrenar a sus hijos para las pruebas que miden la calidad ―de ahí su pretensión de eliminar el Simce―.

Por suerte, la política pública actual para medir la calidad de la educación no fue diseñada en razón de lógicas extremas. El desempeño no se juega exclusivamente en el puntaje estandarizado del colegio o la situación socioeconómica de sus alumnos. Ambos importan, por cierto, pero además influyen otros factores como el clima de convivencia escolar, la asistencia, la calidad y motivación de sus profesores, la participación de los apoderados, el involucramiento con la comunidad, entre otros. Y por eso, muchos de ellos son incorporados por la Agencia de Calidad de la Educación en la clasificación de escuelas.

Con todo, aún prevalecen extremismos en el ámbito político y académico respecto del cierre de escuelas. Por ello, nos propusimos descifrar qué es lo que muestra la evidencia empírica comparada al respecto y cuál es la situación chilena para los colegios que podrían eventualmente ser cerrados por el Sistema de Aseguramiento de la Calidad. A grandes rasgos, los estudios disponibles son consistentes en señalar que en la medida que un alumno se cambie a un mejor establecimiento su desempeño académico mejora. Sin embargo, también hay evidencia que muestra otros efectos no intentados, tales como el aumento de la probabilidad de deserción o el posible deterioro del clima escolar, acentuándose estos efectos en los establecimientos más vulnerables. Por lo demás, la posibilidad de que exista oferta de mejor calidad no es garantizada. En efecto, doce comunas de nuestro país no tienen oferta disponible para los alumnos que enfrentan la posibilidad de que su colegio cierre.

Por todo lo anterior, es clave considerar que cerrar colegios requiere de una evaluación específica para cada caso. No hay algo así como una verdad revelada en torno al tema, ni para cerrar ni menos para sostener colegios malos o insolventes. La política de cierre, sin embargo, no dejará de ser controversial, toda vez que los peores establecimientos del país son mayoritariamente públicos y de alumnos pobres. Por esto, para cerrar colegios de mala calidad se requerirá, además, la voluntad política que las autoridades municipales lamentablemente nunca tuvieron.*

*Columna publicada en La Segunda.

"Cerrar colegios", columna de Andrés Berg. Diario La Segunda, página 9, jueves 10 de octubre de 2019.