No solo Chile. Más de 70 países en el mundo enfrentarán procesos electorales nacionales este 2024, incluyendo seis elecciones presidenciales latinoamericanas. ¿Qué está en juego? El destino de potencias globales tan relevantes como EE.UU., Rusia e India, entre otros, con consecuencias dramáticas tanto para el mundo como para Chile. Estos procesos, lejos de ser espacios pacíficos y mesurados de intercambio de ideas, se han transformado exactamente en lo contrario. Diversos investigadores han evidenciado las complejidades que la inteligencia artificial, la inmediatez de las redes sociales y la polarización rampante trae para ellos, en medio de los cuales el elector es abatido por fake news, insidiosos mensajes de bots y un sinfín de propuestas mesiánicas o descalificadores que confunden más de lo que aclaran.

Chile no ha estado exento de estos problemas. El saldo de los nueve procesos electorales realizados en los últimos cuatro años revela un cuadro lamentable: una elite política desconectada de las necesidades ciudadanas; partidos políticos con escasez de relato y abundancia de rivalidades y acusaciones; y una ciudadanía agobiada que junto con tratar de discernir -en medio de esta amalgama conflictiva- la mejor alternativa para Chile, lucha por proteger y sacar adelante su familia en tiempos de una crisis económica y seguridad sin precedentes.

Por tanto, aprovechando los aires de renovación que trae un nuevo año, ¿cómo podemos prepararnos para este nuevo año de elecciones? Primero, reflexión. Aprovechemos estos aires veraniegos para pensar en grande sobre nuestro presente y futuro. Soñemos un poco. ¿Cuál es el Chile que queremos? ¿Qué necesitamos para ello? Segundo, convicción. Ante el sinnúmero de ofertas programáticas que recibiremos, es importante asentar nuestra reflexión en convicciones claras y sólidas las cuales serán el crisol donde evaluaremos qué queremos y qué no.

Cuánta falta nos ha hecho en Chile aprovechar la reflexión preelectoral para asentar nuestras convicciones. Cuán urgente es tener líderes y partidos políticos con convicciones sólidas que no se rindan ante la demagogia electoral. Max Weber decía que sólo hay dos pecados mortales en política: “La carencia de finalidades objetivas y la falta de responsabilidad que no siempre, pero sí muy a menudo, coincide con aquella”.

Ante el amenazante crecimiento de populismos irresponsables en nuestra sociedad cansada, es imperativo fortalecer nuestras convicciones mediante la reflexión. Sólo así podremos hacer frente a este nuevo desafío electoral. Lo necesitamos.

Pablo Mira, es Directora de desarrollo de IdeaPaís. Columna publicada en Cooperativa, el 8 de enero.